Autoestima

No tienes que poder con todo: autoestima, límites y necesidad de control

Hay personas que se han acostumbrado tanto a ser las que resuelven que pedir ayuda les resulta casi más incómodo que seguir cargando.

3 min de lecturaMelissa González

Son las que organizan, anticipan, recuerdan, hacen seguimiento, solucionan problemas y suelen saber qué necesita cada persona de su alrededor.

Y muchas veces reciben un mensaje que parece positivo:

«Es que tú puedes con todo».

El problema es que, cuando escuchas eso durante mucho tiempo, puedes terminar creyendo que deberías poder con todo.

La capacidad también puede convertirse en una exigencia

Ser una persona resolutiva tiene muchas ventajas. Pero existe una diferencia entre ser capaz de hacer algo y sentir que tienes que hacerlo tú.

Cuando esta segunda idea aparece, puede resultar difícil delegar, pedir ayuda o incluso reconocer que estás cansada.

No porque no necesites apoyo. Sino porque has aprendido a asociar la autonomía con no necesitarlo.

Y aquí aparece una paradoja: cuanto más intentas demostrar que puedes sola, menos espacio queda para que otras personas puedan acompañarte.

¿Qué relación tiene esto con la autoestima?

A veces construimos nuestra autoestima alrededor de determinadas cualidades:

  • «Soy válida porque soy responsable».
  • «Soy valiosa porque soy fuerte».
  • «Soy buena porque estoy disponible».
  • «Soy capaz porque siempre encuentro una solución».

El problema es que todas esas cualidades dependen de que puedas seguir cumpliendo.

¿Qué ocurre el día que no puedes? ¿Qué pasa cuando necesitas que alguien te cuide a ti? ¿Qué ocurre cuando tienes que decir que no?

Si tu valoración personal depende demasiado de ser la persona que siempre puede, tus propios límites pueden empezar a parecerte defectos.

Poner límites no es dejar de cuidar a los demás

Existe una idea bastante extendida de que poner límites consiste en decir que no más a menudo. Pero es algo más amplio.

También significa poder reconocer qué puedes asumir y qué no.

  • Poder pedir ayuda antes de llegar al límite.
  • Poder expresar una necesidad sin sentir que estás molestando.
  • Poder aceptar que alguien haga las cosas de una manera diferente a la tuya.

Y, en algunos casos, tolerar que otra persona pueda sentirse decepcionada contigo sin correr inmediatamente a solucionarlo.

Porque los límites no solo protegen tu tiempo. También te permiten construir relaciones en las que no tienes que desaparecer para que todo funcione.

Una pequeña práctica para empezar a observarlo

Durante una semana, fíjate en las veces que dices «sí» automáticamente. No necesitas cambiar nada todavía. Solo observa.

Cuando aparezca un «sí», pregúntate:

  • ¿Quiero hacerlo o siento que debería?
  • ¿Tengo realmente capacidad para asumirlo?
  • ¿Qué creo que ocurriría si dijera que no?
  • ¿Estoy evitando que alguien se enfade, se decepcione o tenga que hacerse cargo de algo?

Estas preguntas pueden ayudarte a detectar cuánto de lo que haces nace de una elección y cuánto de una necesidad de cumplir.

No necesitas demostrar constantemente que puedes

Hay una forma de fortaleza que no consiste en aguantar más. Consiste en poder reconocer tus límites sin sentir que eso disminuye tu valor.

Puedes ser una persona capaz y necesitar ayuda. Puedes ser responsable y decir que no. Puedes cuidar a los demás y cuidarte a ti.

Y quizá una autoestima más estable tenga menos que ver con pensar «puedo con todo» y mucho más con saber:

«No tengo que poder con todo para seguir confiando en mí».

Retrato de Melissa González

Escrito por

Melissa González

Psicóloga General Sanitaria · Fundadora de Orpheus Psicología

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No tienes que tenerlo todo claro para empezar.

No hace falta que lo tengas claro, ni que sepas explicarlo bien. Solo que dejes de exigirte resolverlo por tu cuenta.